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Cueva de Puyil: Ecos ancestrales en el corazón de Tacotalpa

  • Foto del escritor: Noticias a la 8va
    Noticias a la 8va
  • 4 sept 2025
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 7 sept 2025

En las entrañas del cerro San Felipe, a 3.5 kilómetros de la comunidad de Puxcatán, se encuentra la Cueva de Puyil, un sitio que resguarda secretos milenarios de la cultura maya y que hoy se revela como un testimonio profundo de nuestras raíces tabasqueñas.

Tabasco, tierra de abundante vegetación y biodiversidad, también es cuna de civilizaciones antiguas. Las culturas olmeca y maya dejaron un legado arqueológico que sigue vivo en la memoria y el orgullo de sus habitantes.


Un hallazgo que conecta pasado y presente


Fue en 2004 cuando un grupo de espeleólogos notificó al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el descubrimiento de restos humanos y objetos rituales en una gruta de Tacotalpa. La cueva, bautizada como “Puyil” —que significa caracol, por su forma redonda y sus diez cámaras principales—, está marcada por corrientes de agua y lodo que la hacen aún más enigmática.

También conocida como “Cueva de San Felipe”, este espacio natural se convirtió en un portal hacia el pasado.


Restos óseos encontrados en la Cueva Puyil, Puxcatán, Tabasco. Foto: Cortesía | Instituto Nacional de Antropología e Historia
Restos óseos encontrados en la Cueva Puyil, Puxcatán, Tabasco. Foto: Cortesía | Instituto Nacional de Antropología e Historia

Rastros de vida antigua


Dentro de la cueva se encontraron 29 restos humanos. Tres de ellos, según estudios genéticos, son los más antiguos y podrían ser considerados ancestros directos de los tabasqueños actuales. La mayoría pertenecen al periodo Clásico Tardío (650–900 d.C.), aunque uno data del Clásico Medio (550 d.C.).

Cinco cráneos presentan deformaciones intencionales, y fueron sometidos a una secuenciación masiva de ADN, un procedimiento pionero a nivel mundial aplicado por primera vez a fragmentos prehispánicos. También se hallaron esqueletos infantiles, rodeados por piezas y conchas provenientes de Honduras, Guatemala y México, lo que sugiere una red de intercambio entre pueblos mayas.


Ofrendas y rituales de lluvia


En una de las cámaras, los restos óseos permanecían en su posición original, acompañados por ofrendas como orejeras de concha, puntas de obsidiana, un punzón de hueso de venado, hachas de piedra verde y vasijas cerámicas globulares. Estos elementos formaban parte de rituales vinculados a la lluvia, esenciales para las comunidades agrícolas de la época.

Una formación rocosa con la apariencia de una mazorca —venerada por los pobladores locales— también fue hallada en el interior, reforzando el vínculo entre la cueva y los rituales de fertilidad y cosecha.


Tradición viva


Además de los vestigios antiguos, se encontraron ofrendas recientes como frutas, alimentos y botellas de mezcal. Estos objetos revelan que la cueva sigue siendo un espacio sagrado, donde las prácticas ancestrales continúan vivas, entrelazando el pasado con el presente en una continuidad cultural que resiste al tiempo.

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