Ayudante de cocina
- Emily Gómez Cabrera
- 1 jul
- 2 min de lectura
Por: Emily Gómez Cabrera
En un restaurante suelen vivirse momentos acalorados, no solo por el fuego de la cocina, sino por la presión que reciben los cocineros en un día normal. Entre las ocasiones en que los meseros toman órdenes equivocadas, los ingredientes que se terminan en pleno turno o los eventos especiales que requieren atender a muchas personas, la paciencia y el trabajo en equipo son puestos a prueba plato tras plato.
El papel de Karime en la cocina cambia de vez en cuando, pero en esencia sigue siendo el mismo, ya que comparte responsabilidades con otros compañeros que desempeñan el mismo puesto. Después de preparar todos los ingredientes y complementos del día, se dispone a esperar las instrucciones del chef.

Hay días tranquilos en los que su mayor preocupación es mantener limpia su área de trabajo o acomodar las órdenes que llegan. Sin embargo, en las jornadas más ocupadas no existe un momento de descanso: corre de un lado a otro siguiendo las indicaciones del chef, generalmente para apoyar en la preparación o el emplatado de algún platillo.
No comenzó trabajando en la cocina. En realidad, inició como mesera y, en algunas ocasiones, ayudaba lavando platos. Poco a poco fue acercándose al área de preparación, colaborando con los ingredientes y aprendiendo nuevas tareas, hasta que, casi sin darse cuenta, se convirtió en parte del equipo regular de cocina.
En lo personal, prefiere lidiar con ingredientes y personas que ya conoce antes que atender clientes que, en ocasiones, ni siquiera saben lo que quieren pedir. Aunque admite que, cuando era mesera, terminaba el día únicamente con dolor en las piernas, mientras que ahora llega a casa con el cuerpo agotado y algunas heridas en las manos producto del trabajo.
Antes de entrar al restaurante no era muy buena cocinando. Todo lo que sabe ahora lo ha aprendido de sus compañeros. Al principio fue un reto seguirles el ritmo, pues muchos tecnicismos de la cocina le resultaban desconocidos y debía preguntar más de una vez para comprender exactamente qué debía hacer.
Fue un proceso difícil, pero también divertido. Prefiere dedicarse a esto antes que buscar un trabajo que implique permanecer sentada o escribir durante horas. Le gusta utilizar sus manos y aprender a crear cosas que después puede recrear para ella misma.
No se siente desplazada en su trabajo. No estudió para dedicarse a la cocina, pero muchos de sus compañeros tampoco lo hicieron y llevan trabajando allí desde antes de que ella comenzara como mesera.






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