Dependiente de zapatería
- Noticias a la 8va

- 15 jul
- 2 min de lectura
Por: Emily Gómez Cabrera
De los trabajos más estresantes en los que puedo pensar son aquellos relacionados con el servicio al cliente. Cualquiera que deba interactuar con tantas personas en un solo día, para mí, debería recibir el doble de la paga que obtiene.
Este fin de semana fui a comprar unos zapatos al centro, al mediodía, bajo un sol que hacía arder la piel y un calor que daba la sensación de inhalar vapor con cada respiro. Aunque la zapatería a la que entré contaba con ventilación, no era lo suficientemente potente para contrarrestar la calidez y la humedad del exterior.

Zapaterías como esta, que cuentan con distintas sucursales alrededor de la ciudad, suelen ser de las más concurridas que he visitado. Sin embargo, eso no se compara con el ambiente caótico que se vive en fechas cercanas a Navidad, Año Nuevo o el regreso a clases, cuando el ya deficiente sistema de ventilación resulta insuficiente ante el calor que se acumula en el interior.
Los dependientes atienden a decenas de personas cada día, generalmente mujeres que buscan un nuevo par de zapatos o padres que compran calzado para sus hijos. En las jornadas de mayor afluencia, el trabajo en equipo y la comunicación entre todos los empleados son fundamentales para mantener un servicio ágil y ordenado.
El uso de zapatos cómodos o tenis es indispensable para quienes desempeñan este trabajo. Pasan prácticamente todo el turno de pie y cuidar de su bienestar no solo ayuda a prevenir lesiones o ausencias laborales, sino que también influye en el ánimo con el que atienden a los clientes.
En otras zapaterías he visto que los dependientes utilizan una libreta para anotar los modelos que solicitan los clientes; otros recurren a sus teléfonos y, en casos menos comunes, cuentan con dispositivos diseñados específicamente para facilitar su trabajo. Sin embargo, en la sucursal que visité este fin de semana no encontré nada de eso. Todo parecía hacerse de memoria, lo que me resultó impresionante. Recordaban el nombre de cada cliente, los modelos que buscaban e incluso las tallas exactas. Cuentan con un sistema para distribuir los pares en sus bodegas y, aunque me lo explicaron de manera superficial, debo admitir que no terminé de comprender del todo cómo funciona.






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