Vendedora de revista
- Noticias a la 8va

- 7 jul
- 2 min de lectura
Por: Emily Gómez Cabrera
Doña Rosita, una mujer de alrededor de 50 años, pasa sus días entre el trabajo y el cuidado de sus nietos mientras su hija también trabaja. Disfruta conversar con sus amigas, visitar a sus hermanas y cuidar de su casa. A pesar de llevar una vida tranquila, el dinero no es algo que le sobre.
Además de trabajar por las mañanas en un puesto de antojitos cerca de la primaria donde estudian sus nietos, también vende artículos por catálogo. Una amiga la convenció de obtener ingresos de esa manera y, como siempre se le ha facilitado vender, no lo pensó demasiado.

Por un lado, le parece divertido tener una actividad durante las tardes más allá de ayudar a sus nietos con la tarea; por otro, este trabajo le ha permitido volverse más astuta. No cree que todas las personas sean aprovechadas, pero, según su experiencia, mientras más cercanos a su edad sean sus clientes, más intentarán "sacarle la vuelta".
Tener un segundo trabajo, que además le brinda mayor independencia que el primero, también la ha obligado a organizar mejor su tiempo y a desarrollar estrategias de venta.
Recuerda que hace años era común recibir vendedores de puerta en puerta. Al principio intentó replicar esa estrategia, pero pronto se dio cuenta de que ya no funcionaba. Entonces recordó que ella misma llevaba meses sin recibir a un vendedor en su casa, así que decidió buscar nuevas formas de ofrecer sus productos.
Ahora aprovecha el puesto donde trabaja por las mañanas para mostrar sus catálogos, conversa con las mamás y abuelas de los compañeros de sus nietos cuando va por ellos a la escuela, visita a algunos vecinos y consigue nuevos clientes gracias a las recomendaciones de sus conocidos. También procura ofrecer beneficios a quienes le compran con frecuencia y lleva el control de sus pedidos en su teléfono. Aunque todavía no domina por completo la tecnología y le provoca dolores de cabeza pasar mucho tiempo frente a la pantalla, reconoce que le ha ayudado a mantener una mejor comunicación con sus clientes.
Hay temporadas en las que sus ingresos son bajos; otras, le permiten darse uno que otro gusto y, en ocasiones, la sacan de algún apuro. De cualquier forma, prefiere contar con una segunda fuente de ingresos que no la obligue a cumplir un horario fijo y que le permita seguir atendiendo sus actividades diarias.






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