El negocio de la fiesta: vender piñatas
- Emily Gómez Cabrera
- 1 abr
- 3 Min. de lectura
Emily Gómez Cabrera
Como una persona aficionada al proceso creativo, como el de la ilustración y la escritura, me parece fascinante conocer a personas que también realizan trabajo creativo en otras áreas del arte, como las artesanías. Las piñatas son una parte importante de la cultura de la fiesta en México; además de ser un juego en cumpleaños y posadas, contienen un arte detrás de su creación. Aunque usualmente terminan siendo destruidas por los asistentes, no se puede negar que una mala piñata dice mucho del empeño que el organizador puso al hacer la reunión.
Algunas son grandes, otras pequeñas, pero el proceso de creación de cada una demuestra la habilidad que cada artesano tiene al crearlas. María y su hermano Luis hacen piñatas para vender, usualmente por pedido.
María dice que las piñatas de forma de estrella con un estampado en el centro son las más feas y aburridas que se pueden hacer. Ella busca que la experiencia de sus clientes sea grata cada vez que entrega uno de sus productos.

Al igual que en casos anteriores, este negocio inició como una combinación entre coincidencia y necesidad. Ambos son jóvenes y están estudiando. María siempre fue una persona muy involucrada en las manualidades; cuando era niña, cada vez que en la primaria o el kínder le pedían trabajos manuales, solía obtener buenas calificaciones y sus maestras elogiaban sus trabajos.
Luis, por su parte, comenzó a trabajar con su hermana porque veía que, cuando tenía muchos pedidos, necesitaba ayuda. Ella comenzó a pagarle cada vez que la apoyaba; sin embargo, con el tiempo se volvió un trabajo en el que ambos tienen la misma responsabilidad en el proceso de elaboración de las piñatas y, por lo mismo, ahora reparten el dinero en partes iguales.
María, siendo estudiante universitaria, utiliza ese dinero para pagar sus estudios y comprar materiales que necesita en sus materias. Luis, que todavía es estudiante de preparatoria, lo usa para adquirir cosas de la escuela, aunque a veces termina gastándolo en cosas un poco más banales.
Al principio, como no tenían tantos pedidos y apenas comenzaban a perfeccionar sus habilidades, los materiales que utilizaban solían ser reciclados y limitados. Sin embargo, ahora que sus piñatas han mejorado en calidad y se han vuelto más ambiciosas, los materiales deben ser comprados. Eso no significa que hayan dejado atrás la costumbre de dar una vuelta por su colonia en busca de pedazos de cartón entre la basura de los vecinos.
Aunque la mayoría de los encargos son para fiestas infantiles, les emociona mucho recibir pedidos destinados a fiestas con asistentes mayormente adultos, porque suelen traer ideas más conceptuales que les permiten salir de su zona de confort.
Ambos se sienten útiles al poder generar ingresos con sus propias manos, de manera honrada, y quitarles un peso de encima a sus padres en gastos personales. Consideran que tener el don de crear algo que tarde o temprano será destruido, y que aun así las personas los busquen por la calidad de su trabajo, es una especie de bendición.
Cualquiera podría comprar una piñata en cualquier lugar con la idea de que al final se romperá, pero si los buscan a ellos, entienden que están ofreciendo algo más que un objeto efímero: una foto con las personas que más aprecian y un recuerdo que los acompañará por mucho tiempo.






Comentarios