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Los tamales de la suerte

  • Emily Gómez Cabrera
  • 30 abr
  • 2 Min. de lectura

Por: Emily Gómez Cabrera


Durante las mañanas, los estudiantes y las personas que van camino a su trabajo tienen la preocupación de llegar temprano a sus destinos; sin embargo, quienes no tienen la suerte de vivir cerca o no despertaron con suficiente tiempo salen de sus casas con el estómago vacío y con otra preocupación: encontrar algo rápido para desayunar.

Algunos recurren a comprar en la tienda, en algún Oxxo, alguna galleta o pan empaquetado; pero cuando las filas se hacen largas, los tamales que a veces se ponen frente al Oxxo son la salvación.



Tamales de pollo, frijol, chipilín y, si tienes todavía más suerte, de maíz nuevo. No es un negocio que tenga un horario de servicio específico: está ahí cuando su dueña necesita dinero. Y aunque quienes alcanzan a comprarle le preguntan por qué hay días en que no llega, lo máximo que alcanzarán a escuchar será un: —pero hoy sí vine.


Es más fácil encontrar a alguien que no sepa que hay una señora que pone su olla de tamales frente al Oxxo, que a alguien que sí lo sepa; porque, muy aparte de que no todos despiertan temprano, pueden pasar semanas enteras sin que ella esté allí.


Yo no recuerdo desde cuándo la he visto por mi calle; solo sé que antes no estaba ahí. A veces pasaba de puerta en puerta vendiendo sus tamales y otras estuvo en distintos sitios, establecida; pero sé que ella y su olla de tamales existen desde que yo estaba en primaria.

Aunque también recuerdo que no era algo que hiciera siempre: han pasado largos periodos de tiempo sin que yo sepa de aquella mujer y sus tamales, y hasta el día de hoy sigo sin saber su nombre. La gente aún le compra porque sus tamales de pollo son los más baratos y los que los han salvado de pasar una mañana con el estómago vacío.


Salir de casa sin desayunar en las mañanas es como una lotería, en la que no sabes si gastarás esos 30 pesos en unas galletas y un yogurt o en unos tamales calientitos. Si tienes suerte, es la segunda opción; y si tienes aún más suerte, serán de maíz nuevo.

 
 
 

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