Entre flores y apuntes
- Emily Gómez Cabrera
- hace 3 días
- 2 Min. de lectura
Por: Emily Gómez Cabrera
Luis Mario siempre fue un chico creativo; nunca se quedaba quieto. Cuando lo conocí, a inicios de la licenciatura, me cansaba con solo oírlo —no porque no lo soportara, sino porque siempre me contaba todas las ideas que tenía para hacer algún negocio—. Me parece una de las personas más diligentes que he conocido en mi vida, y no fue hasta mediados de la carrera cuando por fin pude ver que concretaba una de sus ideas.
Todo comenzó a finales de 2023 como un proyecto universitario, en el que tenía que crear una empresa ficticia junto con un plan de comunicación interna para la misma. Sin saber qué hacer y pasando el rato en redes sociales, Mario se encontró con fotos de ramos de flores, que solían aparecerle debido a que su algoritmo le arrojaba constantemente contenido de manualidades. Fue entonces cuando decidió crear una florería para su tarea.
Con el paso de los días, supo que sus amigos le compraban a una chica para regalar detalles a sus novias. Esto le hizo notar que en su localidad no había un negocio cercano, lo que elevaba los costos por el transporte hasta sus domicilios. Para ese entonces, él estaba tomando clases en línea —ya que durante dos semestres se abrieron grupos completos en esa modalidad—, lo que le permitió permanecer en su casa, en Chiapas, mientras estudiaba.

Así fue como comenzó a ofrecer la elaboración de esos regalos a sus amigos, quienes aceptaron gustosos, sabiendo que Luis Mario siempre había mostrado un talento nato para las manualidades. Poco a poco empezó a recibir mensajes de personas desconocidas, que llegaban a él gracias a las recomendaciones de sus propios clientes, quienes destacaban la calidad, cercanía y precios accesibles de su emprendimiento.
Con los años, su negocio ha ido creciendo, permitiéndole expandir sus habilidades hacia la elaboración de cartas, invitaciones y decoraciones para fiestas y eventos, sin dejar de lado su principal producto: los arreglos florales.
Hoy en día, está a punto de terminar la licenciatura en Comunicación de manera presencial, mientras ocupa fines de semana y vacaciones para cumplir con los pedidos de sus clientes. Ha implementado en su negocio conocimientos adquiridos en la universidad, pero también ha aprendido, a través del emprendimiento, lecciones prácticas que incluso superan algunas de las actividades académicas en materias como publicidad o imagen de marca.
A veces parece como si viviera una doble vida: entre semana es un estudiante foráneo en Tabasco, y los fines de semana, un florista emprendedor. A día de hoy sigo sin saber cómo lo logra. Sé que, a veces, debe sacrificar aspectos de sus estudios por su negocio y viceversa, pero continúa insistiendo en ambos caminos, aprendiendo a administrar su tiempo y esfuerzo.
Su negocio se mantiene, hasta ahora, no necesariamente por necesidad económica, sino por el anhelo de una joven alma que busca hacer algo que no esté completamente dictado por el papel que está a punto de recibir.






Comentarios