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Maestro de guitarra para niños

  • Foto del escritor: Noticias a la 8va
    Noticias a la 8va
  • 25 jun
  • 2 min de lectura

Por: Emily Gómez Cabrera


Mauricio siempre fue un aficionado a la música. Desde niño jugaba con los trastes de la cocina de su casa, imaginando que eran una batería. A los catorce años comenzó a aprender a tocar el piano cuando uno de los músicos de su iglesia le ofreció enseñarle después de los cultos, pues estaban buscando a otro pianista que pudiera apoyar cuando fuera necesario.


Cuando tenía dieciséis años aprendió a tocar la guitarra asistiendo a una escuela y pronto se convirtió en su instrumento favorito, ya que le permitía mayor libertad de movimiento al presentarse frente al público. Ahora, mientras cursa la mitad de su carrera universitaria, mantiene viva su pasión por la música tocando todos los domingos con el grupo musical de su iglesia. Sin embargo, hace algunos meses comenzó a hacer aquello mismo que despertó su amor por los instrumentos.



Comenzó dando clases a uno de los niños de la iglesia con la intención de ofrecerle un pasatiempo sano después de la escuela. Una vez por semana acudía a su casa para enseñarle los acordes de la guitarra y ayudarle a desarrollar el oído musical. Pronto ese alumno se convirtió en dos, luego en tres y, finalmente, en cuatro.


No es un experto en teoría musical y, aunque sabe leer partituras, no es un aspecto en el que se enfoque demasiado, pues considera que no siempre es indispensable para interpretar himnos y canciones. Recibe una paga semanal, pero es más simbólica que otra cosa. Actualmente disfruta mucho más enseñar a los niños que recibir un pago, porque realmente no lo necesita.


Algunos avanzan más rápido que otros, producto de sus propias habilidades y del tiempo que dedican a practicar. El beneficio de impartir clases de manera individual es que puede concentrarse en el progreso de cada alumno y adaptar la enseñanza a sus necesidades.


No todos los niños tienen una guitarra a su disposición. En ocasiones debe prestarles la suya; algunos han logrado conseguir una propia y otros utilizan alguna prestada por un familiar. De cualquier manera, procura no exigir demasiado para sus clases, porque cree que desarrollar un talento artístico no debería detenerse por la falta de recursos materiales.


Mauricio disfruta ver crecer a sus pequeños alumnos. Le gusta imaginar que algún día podrán formar parte del grupo musical de su iglesia, tal como él lo hace ahora, o incluso crear su propia banda y llevar su música a distintos lugares. Cualquiera que sea el camino que elijan, espera que encuentren en la música una pasión que los acompañe toda la vida.

 
 
 

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